José Ignacio de puerto de pescadores a balneario exclusivo

A unos 40 kilómetros de Punta del Este, siguiendo la ruta que pasa por La Barra -entre dos lagunas- se encuentra el balneario José Ignacio, el último centro poblado de la costa oceánica de Maldonado, y también el último en ser descubierto, adorado y puesto de moda, por un selecto y acaudalado núcleo de ciudadanos argentinos, que establecieron en él sus fincas de veraneo. Se trata de una punta de piedra que entra en el mar cerca de un kilómetro, formando a ambos lados bahías naturales, con playas de blancas arenas, y cuyos principales distintivos son un faro de 32 metros de alto y un barco hundido, del que una parte del casco subyace a pocos metros de la costa. Está considerado como uno de los mejores pesqueros de costa y de embarque, y en la actualidad, chalanas de pescadores tienen reservados sus espacios en la arena de una de sus playas. Son los sobrevivientes de una raza que ha aprendido a convivir con el turismo. La presa más codiciada por los profesionales y los deportistas es la corvina negra, le siguen la brótola y el lenguado, pero abundan la pescadilla, el cazón y el pejerrey.
El faro de José Ignacio -que forma parte del patrimonio histórico uruguayo- fue construido en 1877 y sus señales luminosas tienen la potencia de 1.500 candelas y un alcance de nueve millas. La zona fue célebre en los siglos XVIII y XIX, por las tragedias marítimas ocurridas en esos acantilados. Conserva el aire coloquial del antiguo pueblito de pescadores, con calles empedradas y casas bajas, sin torres que pretendan competir en altura con su faro. En las lagunas Garzón y José Ignacio, que rodean la península, están autorizados los deportes del windsurf, remo y vela, pero no las actividades náuticas a motor, con el fin de preservar la fauna que habita el lugar. Garzas de distintas clases y variados y coloridos plumajes, así como el elegante cisne de cuello negro, reinan en esos espejos de agua.

Como sus parientes más cercanos, José Ignacio -que debe su nombre a uno de los primeros pobladores del lugar en tiempos de la colonia española- comenzó siendo un pueblo de pescadores, y lo siguió siendo en exclusividad hasta hace muy pocos años.

El balneario José Ignacio tiene dos playas, una más protegida de los vientos y con menos oleaje, que es Playa Mansa, y otra más abierta y más peligrosa llamada Playa Brava, y ambas son sumamente concurridas en los meses de verano.

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