Parques de diversiones en Uruguay

Uruguay cuenta con una oferta de ocio y recreación importante, donde las playas son las protagonistas innegables, pero también dispone de una amplia gama de parques de diversiones ubicados en distintos sitios del país, y aunque el parque más antiguo (Paqrque Rodó) está en Montevideo, la mayor concentración se da en el departamento de Canelones, donde se ubican Blu Park, un parque de atracciones extremas, y el Costa Aventura, el primer parque de diversiones ecológico del país.

El Parque Rodó es el parque de diversiones más tradicional del Uruguay, inaugurado en 1889, inicialmente contaba solo con una montaña rusa y para 1903, se añadieron los tiovivos. En la actualidad, está dividido en dos zonas rodeadas por un entorno natural maravilloso, que incluyen una zona de atracciones mecánicas y otra de juegos infantiles. El parque dispone también de una variada selección de establecimientos gastronómicos, además de dos espléndidos lagos artificiales. El parque está situado en el barrio que lleva su nombre, frente a la playa Ramírez, en una zona de fácil acceso desde cualquier punto de la ciudad.

Para los que prefieren las emociones más fuertes, Blu Park es el parque de diversiones más moderno de Uruguay, ubicado en el Parque Roosevelt, en Canelones, y está dividido en varias secciones, juegos de vértigo, juegos de esfuerzo físico y mental, zona para niños, plaza de comidas, teatro zona de eventos. Los juegos de vértigo incluyen varios tipos de entretenimientos mecánicos, mientras que los de esfuerzo físico cuentan con muros de escalada, karts, bungee, tirolinas, además de un complejo laberinto que constituye un verdadero desafío.

Concebido como el primer parque de aguas termales en Sudamérica, Acuamanía incluye atracciones para todas las edades, con piletas de hidromasajes de gran tamaño, piscinas infantiles, piscinas recreativas y grandes toboganes. El parque está ubicado dentro del complejo de Termas del Daymán en el departamento de Salto. Entre las atracciones destaca el Kamikaze, con tres toboganes de 18 metros de altura, los Hidrotubos, dos toboganes de 12 metros de altura con forma de espiral, y mucho más. El parque cuenta además con vestuarios completos, plaza de comidas, armarios para guardar las pertenencias, tiendas, kioskos, alquiler de toallas, canchas de tenis y pádel, masajes, mini golf y servicio de guardavidas y personal de seguridad.

José Ignacio de puerto de pescadores a balneario exclusivo

A unos 40 kilómetros de Punta del Este, siguiendo la ruta que pasa por La Barra -entre dos lagunas- se encuentra el balneario José Ignacio, el último centro poblado de la costa oceánica de Maldonado, y también el último en ser descubierto, adorado y puesto de moda, por un selecto y acaudalado núcleo de ciudadanos argentinos, que establecieron en él sus fincas de veraneo. Se trata de una punta de piedra que entra en el mar cerca de un kilómetro, formando a ambos lados bahías naturales, con playas de blancas arenas, y cuyos principales distintivos son un faro de 32 metros de alto y un barco hundido, del que una parte del casco subyace a pocos metros de la costa. Está considerado como uno de los mejores pesqueros de costa y de embarque, y en la actualidad, chalanas de pescadores tienen reservados sus espacios en la arena de una de sus playas. Son los sobrevivientes de una raza que ha aprendido a convivir con el turismo. La presa más codiciada por los profesionales y los deportistas es la corvina negra, le siguen la brótola y el lenguado, pero abundan la pescadilla, el cazón y el pejerrey.
El faro de José Ignacio -que forma parte del patrimonio histórico uruguayo- fue construido en 1877 y sus señales luminosas tienen la potencia de 1.500 candelas y un alcance de nueve millas. La zona fue célebre en los siglos XVIII y XIX, por las tragedias marítimas ocurridas en esos acantilados. Conserva el aire coloquial del antiguo pueblito de pescadores, con calles empedradas y casas bajas, sin torres que pretendan competir en altura con su faro. En las lagunas Garzón y José Ignacio, que rodean la península, están autorizados los deportes del windsurf, remo y vela, pero no las actividades náuticas a motor, con el fin de preservar la fauna que habita el lugar. Garzas de distintas clases y variados y coloridos plumajes, así como el elegante cisne de cuello negro, reinan en esos espejos de agua.

Como sus parientes más cercanos, José Ignacio -que debe su nombre a uno de los primeros pobladores del lugar en tiempos de la colonia española- comenzó siendo un pueblo de pescadores, y lo siguió siendo en exclusividad hasta hace muy pocos años.

El balneario José Ignacio tiene dos playas, una más protegida de los vientos y con menos oleaje, que es Playa Mansa, y otra más abierta y más peligrosa llamada Playa Brava, y ambas son sumamente concurridas en los meses de verano.

Mercado del Puerto

Considerado como una visita obligada para cualquier turista que visite nuestro país, el Mercado del Puerto fue creado por iniciativa del comerciante español Pedro Saenz de Zumarán, quien impulsó su construcción en un paraje conocido por aquellas épocas como “Baño de los Padres”.El nuevo edificio fue inaugurado el 10 de octubre de 1868 con la asistencia, entre otras personas, del Presidente de la República, general Lorenzo Batlle. En su centro existió hasta el año 1897 una fuente de hierro de forma circular, con un chorro surgente, una verja protectora y una serie de bancos en su torno. Dicha fuente fue sustituida ese mismo año por un gran reloj de tres esferas y de origen inglés como toda la infraestructura del Mercado, que recientemente fue reparado y vuelve a funcionar como el primer día. Está ubicado frente a la bahía del Puerto de Montevideo, donde funcionó primero como depósito de mercaderías procedentes de ultramar, luego como mercado de productos del país, y finalmente, a partir de 1960, como un centro de pequeños restaurantes y parrilladas que compiten en la captación de un público ávido por degustar sus delicias culinarias. El tendido de mesas bajo toldos y sombrillas, a una peatonal que bordea el mercado, donde artistas y artesanos exhiben sus obras, y músicos ambulantes vuelcan sus canciones, forma parte de los atractivos del lugar, donde también se pueden encontrar sitios reservados en los cuales mantener una charla de negocios o iniciar un romance.

Museo Ralli

Fundado en 1987 por el banquero italiano Harry Recanati, el Museo Ralli, situado en pleno corazón del exclusivo barrio de Beverly Hills de Punta del Este, posee la mayor colección de pintura y escultura latinoamericana del mundo. También posee obras de artistas europeos como Dali y Chagall. Además de sus grandes salas de pintura vale la pena visitar el gran patio interior con espléndidas esculturas de diversos artistas, entre los que destacan Cárdenas y Botero. Perteneciente a una Fundación sin fines de lucro, destinada a promover la obra de jóvenes artistas latinoamericanos, al Museo Ralli de Punta del Este le han seguido otros en Santiago de Chile, Caesarea (Israel) y Marbella (España). Entre todos más de 20.000 metros cuadrados construidos para dar cobijo a tan ingente número de obras.

La cuna del Tango

Los estudiosos que dedicaron parte de su vida a investigar sobre los orígenes del tango nunca pudieron establecer con claridad, si esa música cadenciosa, nostálgica, que rompiendo viejos tabúes logró que la mujer se juntara a su pareja para fundirse en un sensual abrazo, nació en Montevideo o en Buenos Aires, los puertos del Río de la Plata, en los que recalaban los inmigrantes europeos a fines del siglo XIX. Sobre lo que no existen dudas, en cambio, es que se comenzó a escuchar y bailar en los prostíbulos que estaban próximos a esos puertos, a los que acudían los marinos y malevos para disfrutar en buena compañía sus ratos de ocio. De allí el tango pasó a las academias, luego a los salones, y después, ya en los comienzos del siglo XX, cruzó los mares para conquistar Europa. Muchos músicos, poetas y cantores uruguayos realizaron aportes importantes para que el tango tuviera la difusión internacional de la que goza actualmente. No obstante, por sobre todos ellos, se destaca la figura de Carlos Gardel, el más célebre cantor de tangos de todos los tiempos, nacido en Tacuarembó el 11 de diciembre de 1883 y muerto en un accidente aéreo en el aeropuerto de Medellín (Colombia), el 24 de junio de 1935. En su ciudad natal un museo recuerda la figura del artista y todos los años, en la última semana del mes de junio se celebra allí un festival de tango, con participación de los mejores exponentes del género. También en suelo uruguayo nacieron Gerardo Matos Rodríguez, el autor del tango “La Cumparsita”, considerado el “himno de los tangos” y el maestro Francisco Canaro, cuya orquesta típica ostenta el mayor número de registros discográficos. Otro uruguayo, Alfredo Gobbi, junto con su esposa, Flora Rodríguez y al cantor y compositor argentino Angel Villoldo, fueron los pioneros en difundir esta música en Europa. El primer tango que se escuchó en Francia, en el año 1905, fue “La morocha”, del músico uruguayo Enrique Saborido, quien años más tarde, en su segundo viaje a París, instaló la primer academia europea de baile de tango. En Montevideo, todos los años, durante el mes de octubre, se realiza el festival “Viva el Tango”, donde la música típica rioplatense se ofrece en conciertos en teatros y escenarios barriales, ejecutada por las mejores orquestas y gana las calles de la ciudad para que, como dice un tango: “la bailen los muchachos”.

El Prado

En los tiempos en que los galenos consideraban la exposición a los rayos del sol y los baños de mar poco saludables –y eso que por aquellos años nadie hablaba por el Sur del agujero en la capa de ozono– llegó a estas latitudes un financista de Alsacia llamado José de Buschental (1802-1870), cuya propiedad y las mejoras que introdujo en ella, dieron lugar a mediados del siglo XIX al origen del barrio montevideano conocido como El Prado, en el que se afincaron numerosas familias de la clase adinerada. En una superficie de más de 100 hectáreas, al Noreste del centro de la capital, Buschental, que era un hombre de mundo y había frecuentado las cortes de Londres, Madrid, Lisboa y Río de Janeiro, estableció su quinta del Buen Retiro, en la que plantó árboles de distintas especies, canalizó y tendió puentes sobre el arroyo Miguelete, trajo animales exóticos, instaló el primer molino a vapor para moler el trigo, levantó un hotel, fue un pionero en el tendido de las redes ferroviarias y murió en Londres, a los 68 años, luego de haber fracasado en su intento de unir por ferrocarril Montevideo con Santiago de Chile a través de la cordillera de los Andes. El actual paseo del Prado, con sus parques, su rosaleda, el jardín botánico, el predio de la Asociación Rural del Uruguay –donde se realizan anualmente los concursos y exposiciones ganaderas, así como las domas de potros baguales (jineteadas) durante la llamada “Semana Criolla”, que coincide con la celebración cristiana de Semana Santa– constituye una estación obligada en cualquier recorrida para quien quiera aproximarse a aquel Montevideo esplendoroso del siglo XIX y a las más ricas tradiciones uruguayas. En este parque, el más antiguo montevideano, se pueden apreciar además, dos de los monumentos más importantes de la escultórica nativa, La Diligencia, de José Belloni y Los últimos charrúas, del que fueron autores Prati, Muñoz y Lussich. También, en sus inmediaciones se encuentran la residencia presidencial (Suárez y Reyes), el castillo de Soneira y el Museo Juan Manuel Blanes.

Colonia del Sacramento

En Colonia del Sacramento, cuyo casco histórico fue declarado por la UNESCO en 1995 Patrimonio Histórico de la Humanidad, existe una mezcla de estilos arquitectónicos portugués y español, por más que poniendo fin a un siglo y medio de disputas, en 1777, el virrey del Río de la Plata, Pedro de Ceballos, arrasó con la fortaleza y convirtió las casas levantadas por los portugueses en un montón de escombros.Pasear por el barrio histórico, almorzar o cenar en los restaurantes que están sobre las calles empedradas de su Plaza Mayor; ir hasta el puerto y realizar excursiones en yate hasta Carmelo o El Tigre; conocer el complejo del Real de San Carlos y la antigua plaza de toros; o saliendo de la ciudad, visitar la estancia presidencial de San Juan de Anchorena, lugar de descanso del jefe de Estado uruguayo, con su parque en el que habita una reserva protegida de ciervos, son algunas de las tentaciones que ofrece esta ciudad de origen lusitano.

De las fortificaciones originales, cuando el portugués Manuel Lobo fundó la ciudad (1680), sólo se pueden apreciar hoy vestigios que fueron restaurados trescientos años después, y la mayor parte de las ruinas auténticas supervivientes son españolas.

Uruguay, un Centro Internacional de Congresos

Pese a ser un pequeño país, Uruguay ocupa un lugar importante en el mercado de eventos. Según las estadísticas de la International Congress and Convention Association (ICCA) Uruguay se sitúa en el 5º lugar en la organización de eventos en América Latina mientras que su capital, Montevideo, ocupa el lugar 60 entre 400 ciudades del mundo entero.

LA COCAL
(Confederación de Entidades Organizadoras de Congresos y Afines de América Latina), ha reconocido esta situación, otorgándole en diversas ocasiones la presidencia y eligiéndolo muy frecuentemente como sede de sus congresos, la última en 2008. Este posicionamiento de Uruguay entre los países líderes de América Latina en organización de congresos se basa en cuatro puntos de gran importancia:

UNA INFRAESTRUCTURA DE CALIDAD
Una excelente oferta, tanto en salas como en hoteles de Montevideo, Punta del Este y Colonia, es sin duda una razón básica, si hablamos de Congresos, categoría que incluye Seminarios, Reuniones, Convenciones, etc. no mayores a 2.000 participantes, que son la inmensa mayoría de los eventos internacionales realizados.

UN MARCO NATURAL Y SEGURO
Uruguay es un “País Natural”, con muy escasa polución y buen cuidado del medio ambiente. Por citar sólo un ejemplo, se pueden encontrar Campos de Golf a sólo cinco minutos del centro de sus principales ciudades. Complementa un ritmo no estresante y el carácter apacible de su gente con una seguridad muy superior a la media americana.

PROFESIONALISMO DE ALTO NIVEL
Un evento se desarrolla en su entorno, se sostiene en excelentes hoteles, pero depende siempre de la profesionalidad de los proveedores de servicios. La capacidad se “certificó” en instancias tan exigentes como la Asamblea Mundial de ICCA en 2005 o la Cumbre Iberoamericana de Presidentes y Jefes de Gobierno de 2006.

TECNOLOGÍA AVANZADA
Tal vez porque posee un excelente sistema de comunicaciones, la incorporación de tecnología en los eventos es permanente. Se han desarrollado productos tecnológicos para el mercado mundial de eventos y desde 2001 tiene su punto de encuentro, información y estadísticas en un Portal de Internet.

Todo esto confluye en el nivel de calidad de los eventos realizados en este país y a posicionarlo como una plaza idónea para la realización de Congresos Internacionales.

La Semana Criolla

En la ciudad de Montevideo, durante la semana en que la grey cristiana recuerda los últimos días de Jesús de Nazaret sobre la tierra, en el predio de la rural del Prado, desde el año 1925 se viene celebrando la llamada Semana Criolla. Son jornadas en las cuales los mejores exponentes de las más ricas tradiciones del campo uruguayo se instalan en la capital, para con sus costumbres y destrezas entusiasmar a miles de spectadores. Se trata de una fiesta única en su género, en la que se reivindica la figura del gaucho, y que tiene como eje central de la misma un
concurso de jineteadas, donde participantes procedentes de distintas localidades del interior uruguayo, Argentina y poblaciones vecinas del Brasil, confrontan su habilidad, respetando determinadas reglas, para mantenerse por más de 12 segundos sobre el lomo de potros salvajes. Este espectáculo, para el que se establecieron cuatro diferentes categorías –“pelo”, “basto”, “internacional en pelo” y “basto argentino”– y en el que también se premia a la mejor de las dieciséis tropillas de dieciocho caballos que participan, fue declarado “deporte nacional uruguayo”.
Complementan esta fiesta otras expresiones del folclore local y la venta de comidas típicas.

Casa Rivera

Es una casona de estilo neoclásico construida a comienzos del siglo XIX, en la que vivió el general Fructuoso Rivera –primer presidente del Uruguay y que actualmente es la sede del Museo Histórico Nacional. El visitante puede encontrar allí desde piedras y vasijas que pertenecieron
a los indígenas habitantes de estas tierras hasta cuadros, muebles, armas, uniformes y escritos que permiten reconstruir gran parte de la historia del país. La casa que está en la esquina de las calles Rincón y Misiones, en la Ciudad Vieja, fue –por otra parte– escenario de un crimen que inspiró a poetas y dramaturgos del siglo pasado. La viuda de su primer propietario, Celedonia Wich de Salvañach, una dama de hierro de actitudes despóticas, resultó asesinada por sus esclavas que se revelaron contra ella y la arrojaron desde la azotea a un patio interior.