Plaza Fabini o Del Entrevero

Se hace casi obligatorio detenerse por unos momentos en la plazoleta Eduardo Fabini, en cuyo centro, adornando una fuente luminosa, se encuentra otra de las piezas escultóricas más importantes de la ciudad, el Monumento al Entrevero, de otro célebre escultor uruguayo, José Belloni, que recrea una trenzada entre jinetes armados durante las batallas por la independencia nacional. Al caer la tarde, en su bello entorno ajardinado los montevideanos suelen sentarse a tomar mate o hacer un alto, en alguna de las terrazas allí instaladas para beber al calor del sol, en el invierno, y al fresco de la noche, en verano, una jarra de cerveza acompañada de panchos o chivitos, dos de los bocadillos más famosos de este lado del Río de la Plata. Desde ese mismo punto, alzando la vista y mirando hacia el Norte, se puede apreciar a la distancia, en los altos de la Avenida del Libertador, el Palacio Legislativo, una de las sedes parlamentarias más lujosas y hermosas de América del Sur, por la que los uruguayos sentimos un particular orgullo.

Museo Gurvich

Alojado en el corazón de la Ciudad Vieja, en el Edificio Constitución sobre la Plaza Matriz, junto a la Catedral Metropolitana, el Museo cuenta con tres plantas: la Planta Baja, donde se encuentran 3 importantes murales constructivos realizados por Gurvich a su regreso de los kibutz, entre 1958 y 1963 y algunos óleos entre los que destacan el impresionante “Mundo fantástico en colores puros” de 1967 y “Formas símbolos e imágenes” de 1976. En el Subsuelo está el archivo y una sala permanente con diversos objetos, esculturas y dibujos del artista.
En la Planta Superior se realizan exposiciones temporales de importantes artistas nacionales e internacionales.

La Calle de los Suspiros

En el barrio histórico, además de museos, reliquias y restos de la antigua ciudad amurallada, los visitantes podrán caminar por ‘La calle de los suspiros’, una pintoresca callejuela angosta, de suelo empedrado y cercada por coloridas y antiquísimas construcciones de barro y piedra, que los artistas plásticos con sus miles de versiones, han convertido en la más célebre de las calles uruguayas. Su nombre, tan romántico, tiene empero un origen bastardo. Se comenta que allí, en una de sus casas, funcionaba un prostíbulo, y los famosos suspiros provenían de las piezas en las que las meretrices atendían a sus clientes.

Solanas, balneario de lujo sobre la bahía

Continuando la ruta hacia el Este, dejando atrás el aeropuerto Internacional de Punta del Este, en la Laguna del Sauce, y pasando el puente sobre el arroyo El Potrero, un cartel pasacalle anuncia el ingreso a una de las zonas balnearias de mayor prestigio del Uruguay y la elegida para pasar sus vacaciones con sus familias por muchos de los empresarios más ricos, modelos y artistas más famosos del continente sudamericano, así como turistas de todas partes del mundo. Se trata de la denominada zona de influencia de Punta del Este, que comienza con la playa y el complejo de Solanas del Mar, en la bahía de Portezuelo, y culmina, en ese primer tramo, en la cumbre de Punta Ballena, desde cuyo mirador se puede apreciar una vista espectacular de la bahía.

Puerto del Buceo

Siguiendo por la rambla costanera hacia el este, pasando Pocitos, a partir de la Avenida Luis Alberto de Herrera donde está el edificio Panamericano, las torres gemelas del World Trade Center y el Montevideo Shopping, se inicia este barrio, cuyo nombre proviene del trabajo de los buzos que en el siglo XVIII se instalaron en la zona para dedicarse a la búsqueda de las riquezas ocultas en los galeones hundidos frente a sus costas. En los años siguientes sus aguas fueron testigos de la batalla naval que significó la derrota de la flota española frente a la marina rioplatense al mando del almirante Brown y en sus playas desembarcó la marina inglesa en uno de sus intentos por invadir el Río de la Plata. Tras el decreto del General Oribe que habilitaba su puerto para el comercio, la población creció rápidamente y a comienzos del siglo XX se inició el desarrollo urbanístico de la zona y el establecimiento de pescadores que aún mantienen su actividad. Junto al puerto hay restaurantes donde se puede comer pescado fresco asado a la parrilla.

Rocha

A una hora de viaje desde Punta del Este, por la ruta 9, se llega a la capital de Rocha, un departamento de 10.551 kilómetros cuadrados de superficie, que se encuentra al este del territorio uruguayo, limitando con el estado de Río Grande do Sul (Brasil) y que tiene 180 kilómetros de costa sobre el Océano Atlántico, las mayores reservas de agua dulce del país, y áreas protegidas donde se concentran algunas especies vegetales y animales como en ningún otro lugar del planeta. Los palmares de Rocha constituyen, por otra parte, la mayor agrupación de la especie ‘palma butiá capitata’ del planeta. Sobre la formación del mismo, hay dos versiones, una que fueron los indígenas que al comer los frutos del árbol y arrojar sus carozos, realizaron na-turalmente esa siembra, y otra que le atribuye la misma a los pájaros. Estos árboles se encuentran en un área de 20 kilómetros rodeando la Laguna de Castillos y algunos de los ejemplares tienen más de 500 años. Un cartel a la entrada del bosque advierte al visitante: ‘No tome más que fotos, no deje más que huellas’. Próximos a la capital departamental se encuentran los balnearios La Paloma y La Pedrera, que son los que reciben durante el verano la mayor afluencia de turistas, pero en esa misma costa atlántica, existen otras playas vírgenes, dunas móviles y médanos de hasta 30 metros de altura, que hacen que la misma sea la elegida por quienes buscan una mayor comunión con la naturaleza.

El 70% de las especies de aves del país anidan en las tierras, lagunas y bañados del departamento de Rocha, que tiene la población del cisne de cuello negro más importante del mundo.

También, en esta parte del territorio uruguayo, existe el grupo de ombúes más grande de la Tierra (Km. 267 Ruta 10).

Casa Lavalleja

Se trata de una de las casas más antiguas de Montevideo, en la que vivió el general Juan Antonio Lavalleja, quien comandó la cruzada libertadora de los célebres Treinta y Tres Orientales, el 19 de abril de 1825. El edificio de estilo andaluz, convertido en museo a mediados del siglo pasado,
fue construido por el comerciante portugués Manuel Cipriano de Mello en 1783, fundador del primer teatro que tuvo la ciudad de Montevideo.

Plaza Cagancha o Libertad

En el Uruguay, el centralismo de su capital se ve reflejado en muchas cosas de su diario vivir. Las distancias hacia los distintos puntos del país, se siguen midiendo desde el centro de Montevideo, en una plaza que a comienzos del siglo XX sirvió de asiento a la primera compañía de autobuses para el transporte interdepartamental de pasajeros. Las autoridades bautizaron esta plaza Cagancha, en el año 1840, como homenaje a una batalla librada un año antes por el ejército nacional al mando del general Fructuoso Rivera primer presidente uruguayo, a orillas del arroyo del mismo nombre, en el fronterizo departamento de San José, que puso fin al sitio que tropas argentinas habían establecido sobre Montevideo. No hay una explicación razonable para esa denominación. No se levantó allí un monumento a la libertad, sino que con el bronce de los cañones usados en las guerras civiles, sobre una columna de mármol traída desde Italia, el escultor de esa nacionalidad, José Livi, usando de modelo a su esposa uruguaya, personificó a una mujer con gorro frigio y una espada romana en la mano derecha, hollando la cabeza de un monstruo, mientras que en la otra mano sostiene una bandera. La intención del jefe político de la época al proponer la erección de dicho monumento, fue que el mismo simbolizara la paz y la concordia nacional. Bajo esas consignas se inauguró en el año 1867, pero veinte años después, cuando un rayo rompió su base, en medio de la polémica que se planteó en plena reparación, se propuso y triunfó la tesis de sustituir el gladio romano y poner en su lugar una cadena rota. Desde ese momento, comenzó a ser llamada estatua de la Libertad y se siguió llamando y se le llama así hoy a pesar de que en el año 1940, durante otra refacción, la efigie romana recuperó la espada y desapareció la cadena rota.En una época no muy lejana, en el entorno de ese espacio abierto, la capital uruguaya concentró en bares y edificios, que derribó la piqueta del progreso, lo más graneado de la intelectualidad vernácula. Sobreviven empero añejos edificios como el del Ateneo de Montevideo y el Palacio Piria, sede de la Suprema Corte de Justicia, tres salas de espectáculos teatrales y cinematográficos, y una feria artesanal permanente.

Su nombre oficial es Cagancha, pero desde que un rayo, hace más de 120 años, quebró la base de mármol en que reposaba la única estatua que la adorna, se le llama popularmente Plaza Libertad.

Allí, en esa plaza de tan rica historia, se ha establecido el kilómetro cero de la ciudad de Montevideo.

Palacio Estévez

En la Plaza Independencia, frente a la estatua ecuestre del general José Gervasio Artigas, se encuentra la antigua sede de la Casa de Gobierno, el Palacio Estévez, construido en 1873, siguiendo el estilo neoclásico imperante en la época. Actualmente se usa como Sede Protocolar del Gobierno, donde se recibe a los visitantes ilustres. Desde sus balcones, el día de asunción del mando, el presidente entrante, investido con la banda presidencial, suele saludar al pueblo que se apiña en la plaza para aclamarlo.

Arboreto Lussich un bosque único en el mundo

En el año 1896, un empresario naviero llamado Antonio Lussich (1848-1928) compró un montículo rocoso que en forma de ballena se introducía en el mar y los terrenos áridos que lo circundaban, pagando por la hectárea el valor de una cajilla de cigarrillos. En ese páramo que desolado miraba al mar, plantó al comienzo pinos, tamarices, eucaliptos y acacias, para establecer un cerco contra el viento marítimo. Al abrigo del mismo, luego fue plantando otras especies más exóticas como araucarias, robles, cipreses, abedules, álamos, abetos, arces, magnolias, alcornoques, el árbol del alcanfor, así como otros autóctonos, tales como ceibos, sauces, coronillas, lapachos y ñandubay.La siembra de este hombre, que además trascendió como poeta y escritor, en especial por su libro Los tres gauchos orientales, considerado como antecedente del Martín Fierro de José Hernández, puede ser visitada en Punta Ballena, donde se le conoce como Arboreto Lussich.