Barrios turísticos de Montevideo

Tranquila y encantadora, Montevideo se asoma sobre el Río de la Plata como una ciudad balnearia, pero con el dinamismo de una capital llena de atractivos turísticos que deben conocerse.

Comenzando por la costa sur, donde la Ciudad Vieja despliega sus mejores dones, el visitante tendrá un panorama de la mejor arquitectura del siglo XIX, que se conserva en sus edificios señoriales y plazas recoletas, que mantienen el encanto y la intimidad del pasado, en un distrito financiero y comercial lleno de tiendas exclusivas, restaurantes y cafeterías.

Resulta imperdible la Plaza Zabala de estilo netamente parisino, con el Palacio Taranco al frente, como uno de los edificios más elegantes y lujosos del casco antiguo de la ciudad, donde funciona un museo abierto gratuitamente al público.

Siguiendo hasta la calle Buenos Aires, tenemos el Teatro Solís, el principal escenario teatral del Uruguay. La Plaza Matriz es otro de los espacios verdes del casco antiguo donde se ubica la Catedral Metropolitana y el Cabildo, también el exclusivo Club Uruguay, sede de la alta sociedad montevideana.

La gastronomía tiene algunos de sus máximos exponentes en la Ciudad Vieja, donde se ubica el Mercado del Puerto, referente del asado uruguayo y un lugar con historia, donde se puede degustar el mejor asado de la capital en un ambiente tradicional y atractivo. Para los paladares más exigentes, junto al Teatro Solís se encuentra Rara Avis, un restaurante lujoso con un sofisticado menú de cocina internacional.

A la salida de la Ciudad Vieja está la Puerta de la Ciudadela, último vestigio de las antiguas murallas que rodeaban a la ciudad colonial, que da paso a la Plaza Independencia con su monumento a Artigas y el icónico Palacio Salvo, sin lugar a dudas, el edificio más fotografiado de la capital.

Para los amantes de las compras y quienes desean conocer la cultura, el Centro es el lugar indicado. Situado a continuación de la Ciudad Vieja, cuenta con la mayor concentración de comercios, restaurantes, teatros, cines, museos y hoteles de la ciudad.

Quien está interesado en disfrutar de los espacios verdes debería visitar el Prado, un clásico barrio residencial que cuenta con el parque urbano más antiguo de la ciudad, que da nombre precisamente al barrio, y donde se encuentra el Jardín Botánico, el primero y único del país, con una gran variedad de colecciones vivas.

También merece la pena conocerse el Museo Blanes, con su colección estable de pintura uruguaya y su idílico Jardín Japonés. Entre las numerosas residencias del Prado, destaca el Castillo Soneira, una de las pocas mansiones góticas de la ciudad, situado sobre la calle Reyes, a dos casas de la Residencia Presidencial.

Si bien el barrio del Cerro no es una de las zonas turísticas clásicas de la ciudad, su histórica fortaleza de la época colonial situada sobre una colina de 134 metros ofrece las mejores vistas panorámicas de la bahía de Montevideo por lo que es también un paseo recomendado para los viajeros.

Siguiendo el recorrido podemos encontrar los coquetos barrios costeros de Punta Carretas con uno de los mayores centros comerciales de la ciudad y destacados restaurantes, el barrio residencial de Pocitos y la zona del Buceo con su puertito de yates y su pujante zona financiera.

Para finalizar recomendamos una visita al elegante barrio de Carrasco donde los turistas podrán encontrar las más exclusivas tiendas internacionales y locales, gastronomía de primer nivel y el Casino Carrasco emplazado en un emblemático edificio histórico.

Si quieres profundizar sobre esta información te invitamos también a visitar este mapa interactivo con todos los puntos turísticos, hoteles y referencias importantes de Montevideo.

El Obelisco de Montevideo

Al final de la Avenida 18 de Julio, en la confluencia con Bulevar Artigas, se encuentra el Obelisco, uno de los monumentos más representativos de la ciudad. Con una altura de 40 metros y realizado en granito rosa, rinde homenaje a los constituyentes de 1930. En las caras Sur, Norte y Oeste se levantan tres estatuas alegóricas de bronce emplazadas sobre basamentos de granito que representan la Ley, la Libertad y la Fuerza. A los pies de las estatuas tres grifos vierten agua en una fuente que rodea el monumento.

Plaza Independencia

La Plaza Independencia divide la Ciudad Vieja del Centro comercial de Montevideo. Diseñada en 1837 por el arquitecto italiano Carlo Zucchi, en ella se encuentan el Palacio Estévez, edificio de estilo neoclásico que albergó durante más de cien años (1880-1985) la Casa de Gobierno; el
moderno Palacio de Justicia, aún inacabado y que albergará la futura Casa de Gobierno; la estatua ecuestre del General José Gervasio Artigas, debajo de la cual se encuentra el Mausoleo donde descansan sus restos, y el imponente Palacio Salvo, el edificio más emblemático de la ciudad.

Teatro Solis

A pocos metros de de la Puerta de la Ciudadela, donde muere el centro comercial y comienza la Ciudad Vieja, se encuentra el Teatro Solís, la sala de espectáculos teatrales y operísticos más importante del país, que fue reabierta al público en 2005, luego de haber sido restaurada, proceso que llevó varios años. Construido en diversas etapas, primero su sala central y luego sus alas, el teatro funciona como tal desde la segunda mitad del siglo XIX y han pasado por su escenario las más importantes compañías teatrales, orquestas sinfónicas y solistas del mundo en gira por América del Sur. El público uruguayo está considerado como uno de los más exigentes del mundo, a tal grado, que el gran tenor italiano Enrico Caruso fue silbado en una de sus varias actuaciones en Montevideo (1916),
la noche en que un gallo, en medio de un agudo, le jugó una mala pasada a sus cuerdas vocales.

Mercado del Puerto

Considerado como una visita obligada para cualquier turista que visite nuestro país, el Mercado del Puerto fue creado por iniciativa del comerciante español Pedro Saenz de Zumarán, quien impulsó su construcción en un paraje conocido por aquellas épocas como “Baño de los Padres”.El nuevo edificio fue inaugurado el 10 de octubre de 1868 con la asistencia, entre otras personas, del Presidente de la República, general Lorenzo Batlle. En su centro existió hasta el año 1897 una fuente de hierro de forma circular, con un chorro surgente, una verja protectora y una serie de bancos en su torno. Dicha fuente fue sustituida ese mismo año por un gran reloj de tres esferas y de origen inglés como toda la infraestructura del Mercado, que recientemente fue reparado y vuelve a funcionar como el primer día. Está ubicado frente a la bahía del Puerto de Montevideo, donde funcionó primero como depósito de mercaderías procedentes de ultramar, luego como mercado de productos del país, y finalmente, a partir de 1960, como un centro de pequeños restaurantes y parrilladas que compiten en la captación de un público ávido por degustar sus delicias culinarias. El tendido de mesas bajo toldos y sombrillas, a una peatonal que bordea el mercado, donde artistas y artesanos exhiben sus obras, y músicos ambulantes vuelcan sus canciones, forma parte de los atractivos del lugar, donde también se pueden encontrar sitios reservados en los cuales mantener una charla de negocios o iniciar un romance.

El Prado

En los tiempos en que los galenos consideraban la exposición a los rayos del sol y los baños de mar poco saludables –y eso que por aquellos años nadie hablaba por el Sur del agujero en la capa de ozono– llegó a estas latitudes un financista de Alsacia llamado José de Buschental (1802-1870), cuya propiedad y las mejoras que introdujo en ella, dieron lugar a mediados del siglo XIX al origen del barrio montevideano conocido como El Prado, en el que se afincaron numerosas familias de la clase adinerada. En una superficie de más de 100 hectáreas, al Noreste del centro de la capital, Buschental, que era un hombre de mundo y había frecuentado las cortes de Londres, Madrid, Lisboa y Río de Janeiro, estableció su quinta del Buen Retiro, en la que plantó árboles de distintas especies, canalizó y tendió puentes sobre el arroyo Miguelete, trajo animales exóticos, instaló el primer molino a vapor para moler el trigo, levantó un hotel, fue un pionero en el tendido de las redes ferroviarias y murió en Londres, a los 68 años, luego de haber fracasado en su intento de unir por ferrocarril Montevideo con Santiago de Chile a través de la cordillera de los Andes. El actual paseo del Prado, con sus parques, su rosaleda, el jardín botánico, el predio de la Asociación Rural del Uruguay –donde se realizan anualmente los concursos y exposiciones ganaderas, así como las domas de potros baguales (jineteadas) durante la llamada “Semana Criolla”, que coincide con la celebración cristiana de Semana Santa– constituye una estación obligada en cualquier recorrida para quien quiera aproximarse a aquel Montevideo esplendoroso del siglo XIX y a las más ricas tradiciones uruguayas. En este parque, el más antiguo montevideano, se pueden apreciar además, dos de los monumentos más importantes de la escultórica nativa, La Diligencia, de José Belloni y Los últimos charrúas, del que fueron autores Prati, Muñoz y Lussich. También, en sus inmediaciones se encuentran la residencia presidencial (Suárez y Reyes), el castillo de Soneira y el Museo Juan Manuel Blanes.

Casa Rivera

Es una casona de estilo neoclásico construida a comienzos del siglo XIX, en la que vivió el general Fructuoso Rivera –primer presidente del Uruguay y que actualmente es la sede del Museo Histórico Nacional. El visitante puede encontrar allí desde piedras y vasijas que pertenecieron
a los indígenas habitantes de estas tierras hasta cuadros, muebles, armas, uniformes y escritos que permiten reconstruir gran parte de la historia del país. La casa que está en la esquina de las calles Rincón y Misiones, en la Ciudad Vieja, fue –por otra parte– escenario de un crimen que inspiró a poetas y dramaturgos del siglo pasado. La viuda de su primer propietario, Celedonia Wich de Salvañach, una dama de hierro de actitudes despóticas, resultó asesinada por sus esclavas que se revelaron contra ella y la arrojaron desde la azotea a un patio interior.

Plaza Fabini o Del Entrevero

Se hace casi obligatorio detenerse por unos momentos en la plazoleta Eduardo Fabini, en cuyo centro, adornando una fuente luminosa, se encuentra otra de las piezas escultóricas más importantes de la ciudad, el Monumento al Entrevero, de otro célebre escultor uruguayo, José Belloni, que recrea una trenzada entre jinetes armados durante las batallas por la independencia nacional. Al caer la tarde, en su bello entorno ajardinado los montevideanos suelen sentarse a tomar mate o hacer un alto, en alguna de las terrazas allí instaladas para beber al calor del sol, en el invierno, y al fresco de la noche, en verano, una jarra de cerveza acompañada de panchos o chivitos, dos de los bocadillos más famosos de este lado del Río de la Plata. Desde ese mismo punto, alzando la vista y mirando hacia el Norte, se puede apreciar a la distancia, en los altos de la Avenida del Libertador, el Palacio Legislativo, una de las sedes parlamentarias más lujosas y hermosas de América del Sur, por la que los uruguayos sentimos un particular orgullo.

Museo Gurvich

Alojado en el corazón de la Ciudad Vieja, en el Edificio Constitución sobre la Plaza Matriz, junto a la Catedral Metropolitana, el Museo cuenta con tres plantas: la Planta Baja, donde se encuentran 3 importantes murales constructivos realizados por Gurvich a su regreso de los kibutz, entre 1958 y 1963 y algunos óleos entre los que destacan el impresionante “Mundo fantástico en colores puros” de 1967 y “Formas símbolos e imágenes” de 1976. En el Subsuelo está el archivo y una sala permanente con diversos objetos, esculturas y dibujos del artista.
En la Planta Superior se realizan exposiciones temporales de importantes artistas nacionales e internacionales.

Puerto del Buceo

Siguiendo por la rambla costanera hacia el este, pasando Pocitos, a partir de la Avenida Luis Alberto de Herrera donde está el edificio Panamericano, las torres gemelas del World Trade Center y el Montevideo Shopping, se inicia este barrio, cuyo nombre proviene del trabajo de los buzos que en el siglo XVIII se instalaron en la zona para dedicarse a la búsqueda de las riquezas ocultas en los galeones hundidos frente a sus costas. En los años siguientes sus aguas fueron testigos de la batalla naval que significó la derrota de la flota española frente a la marina rioplatense al mando del almirante Brown y en sus playas desembarcó la marina inglesa en uno de sus intentos por invadir el Río de la Plata. Tras el decreto del General Oribe que habilitaba su puerto para el comercio, la población creció rápidamente y a comienzos del siglo XX se inició el desarrollo urbanístico de la zona y el establecimiento de pescadores que aún mantienen su actividad. Junto al puerto hay restaurantes donde se puede comer pescado fresco asado a la parrilla.