En el estadio Centenario de Montevideo –considerado por la FIFA monumento mundial del fútbol–, debajo de la tribuna Olímpica, hay un museo donde se exhiben los trofeos conseguidos por Uruguay, fotografías de los héroes deportivos y reproducciones ampliadas de crónicas de diarios y revistas donde se repasan esas y otras hazañas futbolísticas. Esta tierra es cuna de campeones mundiales de fútbol. Uruguay fue el país que en dicho deporte conquistó más trofeos internacionales a nivel de selecciones y de clubes en el siglo XX. Campeón olímpico en 1924 (Colombes) y 1928 (Ámsterdam) –cuando los torneos olímpicos eran en fútbol equivalentes a los mundiales– Uruguay se consagró como primer campeón mundial en 1930, tras superar en la final a Argentina por cuatro tantos a dos y, veinte años después, revalidó el título, venciendo a Brasil en el monumental estadio de Maracaná (Río de Janeiro), en otra histórica final, por dos tantos a uno ante más de doscientos mil espectadores. La selección celeste (el color de su camiseta nacional) dejó de ser invencible en el mundial de Suiza de 1954, cuando perdió la semifinal contra la gran Hungría de Puskas, en una dramática prórroga, tras finalizar el tiempo reglamentario con un empate a dos. En un tiempo el fútbol era lo que tenía mayor poder de convocatoria para el pueblo uruguayo, pero el éxodo de buenos jugadores a mercados económicamente más atractivos y los malos resultados en materia internacional, lo han relegado, en los últimos años, a un segundo plano en la preferencia popular. Los espectáculos de carnaval –que se desarrollan durante todo el mes de febrero y parte de marzo– atraen más espectadores que los que asisten durante todo el año a las canchas de fútbol. |