Punta del Este, uno de los mejores balnearios del mundo

Punta del Este es indiscutiblemente el balneario más visitado del país y está considerado internacionalmente como uno de los mejores del mundo. Más del 60% de las divisas que ingresan al Uruguay por concepto del turismo provienen de Punta del Este, y más de los dos tercios de sus visitantes se concentran en los meses de verano, en particular sobre la última semana de diciembre y la primera semana de marzo. En la ciudad y sus alrededores viven permanente unos 10.000 habitantes, y en alta temporada la zona es visitada por más de medio millón de personas, en su mayoría argentinos que tienen residencias de veraneo en el lugar.
En los últimos años Punta del Este ha experimentado un notable crecimiento en su infraestructura, incorporando a su propuesta lujosos hoteles y un boom inmobiliario con el desarrollo de grandes edificios de apartamentos con servicios de primer nivel.

José Ignacio de puerto de pescadores a balneario exclusivo

A unos 40 kilómetros de Punta del Este, siguiendo la ruta que pasa por La Barra -entre dos lagunas- se encuentra el balneario José Ignacio, el último centro poblado de la costa oceánica de Maldonado, y también el último en ser descubierto, adorado y puesto de moda, por un selecto y acaudalado núcleo de ciudadanos argentinos, que establecieron en él sus fincas de veraneo. Se trata de una punta de piedra que entra en el mar cerca de un kilómetro, formando a ambos lados bahías naturales, con playas de blancas arenas, y cuyos principales distintivos son un faro de 32 metros de alto y un barco hundido, del que una parte del casco subyace a pocos metros de la costa. Está considerado como uno de los mejores pesqueros de costa y de embarque, y en la actualidad, chalanas de pescadores tienen reservados sus espacios en la arena de una de sus playas. Son los sobrevivientes de una raza que ha aprendido a convivir con el turismo. La presa más codiciada por los profesionales y los deportistas es la corvina negra, le siguen la brótola y el lenguado, pero abundan la pescadilla, el cazón y el pejerrey.
El faro de José Ignacio -que forma parte del patrimonio histórico uruguayo- fue construido en 1877 y sus señales luminosas tienen la potencia de 1.500 candelas y un alcance de nueve millas. La zona fue célebre en los siglos XVIII y XIX, por las tragedias marítimas ocurridas en esos acantilados. Conserva el aire coloquial del antiguo pueblito de pescadores, con calles empedradas y casas bajas, sin torres que pretendan competir en altura con su faro. En las lagunas Garzón y José Ignacio, que rodean la península, están autorizados los deportes del windsurf, remo y vela, pero no las actividades náuticas a motor, con el fin de preservar la fauna que habita el lugar. Garzas de distintas clases y variados y coloridos plumajes, así como el elegante cisne de cuello negro, reinan en esos espejos de agua.

Como sus parientes más cercanos, José Ignacio -que debe su nombre a uno de los primeros pobladores del lugar en tiempos de la colonia española- comenzó siendo un pueblo de pescadores, y lo siguió siendo en exclusividad hasta hace muy pocos años.

El balneario José Ignacio tiene dos playas, una más protegida de los vientos y con menos oleaje, que es Playa Mansa, y otra más abierta y más peligrosa llamada Playa Brava, y ambas son sumamente concurridas en los meses de verano.

Solanas, balneario de lujo sobre la bahía

Continuando la ruta hacia el Este, dejando atrás el aeropuerto Internacional de Punta del Este, en la Laguna del Sauce, y pasando el puente sobre el arroyo El Potrero, un cartel pasacalle anuncia el ingreso a una de las zonas balnearias de mayor prestigio del Uruguay y la elegida para pasar sus vacaciones con sus familias por muchos de los empresarios más ricos, modelos y artistas más famosos del continente sudamericano, así como turistas de todas partes del mundo. Se trata de la denominada zona de influencia de Punta del Este, que comienza con la playa y el complejo de Solanas del Mar, en la bahía de Portezuelo, y culmina, en ese primer tramo, en la cumbre de Punta Ballena, desde cuyo mirador se puede apreciar una vista espectacular de la bahía.

Rocha

A una hora de viaje desde Punta del Este, por la ruta 9, se llega a la capital de Rocha, un departamento de 10.551 kilómetros cuadrados de superficie, que se encuentra al este del territorio uruguayo, limitando con el estado de Río Grande do Sul (Brasil) y que tiene 180 kilómetros de costa sobre el Océano Atlántico, las mayores reservas de agua dulce del país, y áreas protegidas donde se concentran algunas especies vegetales y animales como en ningún otro lugar del planeta. Los palmares de Rocha constituyen, por otra parte, la mayor agrupación de la especie ‘palma butiá capitata’ del planeta. Sobre la formación del mismo, hay dos versiones, una que fueron los indígenas que al comer los frutos del árbol y arrojar sus carozos, realizaron na-turalmente esa siembra, y otra que le atribuye la misma a los pájaros. Estos árboles se encuentran en un área de 20 kilómetros rodeando la Laguna de Castillos y algunos de los ejemplares tienen más de 500 años. Un cartel a la entrada del bosque advierte al visitante: ‘No tome más que fotos, no deje más que huellas’. Próximos a la capital departamental se encuentran los balnearios La Paloma y La Pedrera, que son los que reciben durante el verano la mayor afluencia de turistas, pero en esa misma costa atlántica, existen otras playas vírgenes, dunas móviles y médanos de hasta 30 metros de altura, que hacen que la misma sea la elegida por quienes buscan una mayor comunión con la naturaleza.

El 70% de las especies de aves del país anidan en las tierras, lagunas y bañados del departamento de Rocha, que tiene la población del cisne de cuello negro más importante del mundo.

También, en esta parte del territorio uruguayo, existe el grupo de ombúes más grande de la Tierra (Km. 267 Ruta 10).

La Atlántida y un verso de Neruda

De la cadena de balnearios que tiene el departamento de Canelones y que se extiende por espacio de 70 kilómetros, desde el arroyo Carrasco – en la salida del departamento de Montevideo por la ruta interbalnearia – hasta el arroyo Solís, en el límite con el departamento de Maldonado,  la ciudad de Atlántida  es el punto de mayor atención turística. Allí, a escasos 46 kilómetros de la capital, el visitante puede encontrar una variada oferta en hoteles y restaurantes, así como de fincas particulares en alquiler por temporada. Atlántida es una pequeña ciudad, con casino, centros nocturnos de diversión y todos los servicios de las grandes ciudades, enclavada en un extenso bosque de pinos, con parques, jardines y dos playas unidas por una rambla costanera, una, Playa Brava, desde la que se pueden ver en todo su esplendor los amaneceres  y otra, Playa Mansa, en la que se sumerge diariamente el sol en rojos atardeceres. También llamada “ciudad jardín”, el balneario que tomó su nombre del mitológico continente perdido, fue el sitio elegido para sus vacaciones en el Uruguay por los poetas Federico García Lorca y Pablo Neruda. En la rambla, sobre la Playa Mansa, convertido en museo, se encuentra el chalet donde Neruda residió junto a su mujer Matilde Urrutia. El poeta chileno, que en su célebre “Canto General” se olvidó de mencionar al Uruguay, escribió este poema para Atlántida: “Olor y movimiento de pinares marinos me devolveis no solo la miel del amor y su delicia sino a la circunstancia más pura de la tierra a la seca y huraña flora del mar, del aire, del silencio”.  Próximos a Atlántida, hay tres paseos que son imperdibles, uno hacia el Norte, en el poblado conocido como Estación Atlántida, para visitar la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, construida por el ingeniero Eladio Dieste; otros hacia el Oeste, para conocer en Villa Argentina, la misteriosa “Casa del Aguila”, poblada de leyendas.

 

La Barra de Maldonado

En los últimos años La Barra no sólo ha destacado por la movida nocturna y la animación de sus bares de copas y restaurantes. También lo ha hecho por la calidad de su arte y su artesanía. La fotografía, tan de moda en los últimos años a través de las grandes exposiciones en galerías e importantes museos, también está presente en talleres de arte en fotografía atendidos directamente por el artista y donde se pueden adquirir fotografías en ediciones limitadas, tan valiosas hoy en día como cualquier obra de arte. Las galerías, las tiendas de artesanía y objetos para la casa, completan un variado abanico de propuestas que hacen de La Barra el lugar idóneo para elegir un cuadro, una fotografía, una cerámica o un objeto para decorar el hogar. Todos los locales están a lo largo de la ruta 10, en el Paseo de la Barra, a no más de 100 metros uno del otro. El circuito se fue conformando espontáneamente hace unos diez años, pero ahora funciona como un paseo integrado, divertido y fuera de lo convencional. Otro ejemplo del éxito de este circuito son las Gallery Nights. Se celebran todos los viernes de enero y se extiende hasta pasadas las 2 de la madrugada. Esas noches, la gente puede caminar libremente por los ateliers, las galerías y las casas de decoración para disfrutar de actividades libres y gratuitas, degustar vino o champagne dispuesto para la ocasión por diferentes bodegas rioplatenses y tomar contacto con la creatividad de los artistas.