Casa Rivera

Es una casona de estilo neoclásico construida a comienzos del siglo XIX, en la que vivió el general Fructuoso Rivera –primer presidente del Uruguay y que actualmente es la sede del Museo Histórico Nacional. El visitante puede encontrar allí desde piedras y vasijas que pertenecieron
a los indígenas habitantes de estas tierras hasta cuadros, muebles, armas, uniformes y escritos que permiten reconstruir gran parte de la historia del país. La casa que está en la esquina de las calles Rincón y Misiones, en la Ciudad Vieja, fue –por otra parte– escenario de un crimen que inspiró a poetas y dramaturgos del siglo pasado. La viuda de su primer propietario, Celedonia Wich de Salvañach, una dama de hierro de actitudes despóticas, resultó asesinada por sus esclavas que se revelaron contra ella y la arrojaron desde la azotea a un patio interior.

Casa Lavalleja

Se trata de una de las casas más antiguas de Montevideo, en la que vivió el general Juan Antonio Lavalleja, quien comandó la cruzada libertadora de los célebres Treinta y Tres Orientales, el 19 de abril de 1825. El edificio de estilo andaluz, convertido en museo a mediados del siglo pasado,
fue construido por el comerciante portugués Manuel Cipriano de Mello en 1783, fundador del primer teatro que tuvo la ciudad de Montevideo.

Palacio Estévez

En la Plaza Independencia, frente a la estatua ecuestre del general José Gervasio Artigas, se encuentra la antigua sede de la Casa de Gobierno, el Palacio Estévez, construido en 1873, siguiendo el estilo neoclásico imperante en la época. Actualmente se usa como Sede Protocolar del Gobierno, donde se recibe a los visitantes ilustres. Desde sus balcones, el día de asunción del mando, el presidente entrante, investido con la banda presidencial, suele saludar al pueblo que se apiña en la plaza para aclamarlo.

Palacio Salvo

Fue en su momento el edificio más alto de América del Sur y el más grande del mundo construido con hormigón armado.

Tan emblemático como el cerro que le dio nombre a la ciudad, desde su construcción e inauguración en los años veinte del siglo pasado, el Palacio Salvo, ubicado en la Plaza de la Independencia –la más céntrica e importante de Montevideo es considerado un símbolo de la capital uruguaya. La magna obra fue encargada por el industrial uruguayo Ángel Salvo y de allí su nombre al arquitecto italiano Mario Palanti, quien había construido el Palacio Barolo, en la ciudad de Buenos Aires, con el propósito de montar allí un complejo comercial y hotelero. Para que esto fuera posible, se debieron demoler varios edificios que se encontraban en ese solar, entre ellos el del café La Giralda, donde la orquesta argentina de Roberto Firpo, en 1917, estrenó el tango La Cumparsita, del uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, apodado El Becho. Considerado como un verdadero himno nacional y de la música típica del Río de la Plata, La Cumparsita es el tango universalmente más conocido y del que se han grabado más versiones.

San Miguel y Santa Teresa

A 110 kilómetros del balneario La Paloma, próximo a la frontera seca con Brasil, se encuentra otro de los sitios más visitados del Uruguay tanto por el turismo vernáculo como por el internacional. Nos referimos al Parque Nacional de Santa Teresa, otra de las reservas forestales más importantes del país, que suma a sus encantos naturales de bosques que bajan hasta playas agrestes, en los que hay espacios reservados para acampar, la posibilidad de visitar en sus cercanías, en muy buen estado de conservación, dos de los fuertes que españoles y portugueses se disputaron durante el siglo XVIII. Se trata de la fortaleza de Santa Teresa, que está en un alto del terreno y se puede apreciar a la distancia desde la ruta 9, a la altura de los kilómetros 303 y 306, y el fuerte de San Miguel, ubicado a 6 kilómetros de la población del Chuy, donde está el
paso fronterizo con el Brasil. Ambos lugares históricos están cercados por parques naturales y lagunas, donde abundan las aves y las plantas exóticas, se pueden visitar como museos.

MUSEO DEL FUERTE DE SAN MIGUEL En él se exhibe una diligencia de 1816, una carreta de 1880 e infinidad de utensilios indígenas. Los salones finamente decorados, exponen modelos de tamaño natural con uniformes militares de la época.

Estación José Artigas

La majestuosa estación de trenes José Artigas, ubicada al Sur de la torre, es una joya urbanística de fines del siglo XIX, en cuyas imponentes salas de espera nadie aguarda el arribo de un tren, y desde hace ya unos cuantos años, en sus ventanillas sólo se venden boletos para la nostalgia. Construida en 1897, tras haber sido arrasada por un incendio, la antigua estación de Bella Vista, es obra del ingeniero Luis Andreoni quien aplicó en su diseño cánones neorrenacentistas. En su impresionante pórtico de columnas dóricas se instalaron una serie de esculturas de inventores vinculados al ferrocarril, a la máquina de vapor y a la electricidad. Desde otra moderna terminal, construida junto con la Torre de las Comunicaciones, hoy parten los escasos trenes de pasajeros hacia los contados destinos que sobrevivieron a la crisis que el transporte sobre rieles padece en el Uruguay desde hace más de medio siglo.

Actualmente la estación está en desuso y sólo se abren sus puertas para algunos acontecimientos puntuales como conciertos o actos benéficos.

El Palacio Legislativo

El Palacio Legislativo, ubicado a pocas cuadras del centro de Montevideo, es motivo de orgullo nacional. Allí, desde el 25 de agosto de 1925 –fecha en la que fue inaugurado, en el marco de los festejos del centenario del día en que se declaró la independencia nacional sesionan las cámaras de senadores y diputados, en las que está dividido el parlamento uruguayo, sobre el cual reposa la soberanía popular. La construcción del también llamado palacio de las leyes, un edificio neoclásico griego, cuyas fachadas, paredes interiores, bóvedas y columnas están recubiertas de mármol procedente del país, insumió casi tres décadas. Consta de tres grandes naves y varias salas anexas, un piso superior, donde funcionan la biblioteca y algunos despachos, y un enorme subsuelo en el que hay oficinas, depósitos y talleres de imprenta y encuadernación. En la nave central está el Salón de los pasos perdidos, con dos bóvedas de cañón corrido y majestuoso lucernario, que separa los dos hemiciclos en los que sesionan las cámaras de senadores y diputados. Las paredes de ambas salas están totalmente forradas de nogal y caoba, y de esas maderas tan nobles, también son las bancas que ocupan los parlamentarios. A los fondos del Palacio Legislativo, en una prolongación del espacio abierto en el que está instalada la sede parlamentaria, se encuentra la plaza con el monumento que recuerda a los mártires de Chicago, donde la central de trabajadores acostumbra celebrar las concentraciones del día 1 de Mayo.

En un país donde a la cárcel en que están recluidos los delincuentes considerados más peligrosos se le llama Libertad, porque fue levantada en las cercanías de una localidad que lleva ese nombre, no puede sorprender mayormente que se denomine la casa del pueblo al palacio más lujoso que se ha construido en este territorio en todas sus épocas.

Los días en que no hay actividad política se pueden concertar visitas guiadas.