Mercado del Puerto

Considerado como una visita obligada para cualquier turista que visite nuestro país, el Mercado del Puerto fue creado por iniciativa del comerciante español Pedro Saenz de Zumarán, quien impulsó su construcción en un paraje conocido por aquellas épocas como “Baño de los Padres”.El nuevo edificio fue inaugurado el 10 de octubre de 1868 con la asistencia, entre otras personas, del Presidente de la República, general Lorenzo Batlle. En su centro existió hasta el año 1897 una fuente de hierro de forma circular, con un chorro surgente, una verja protectora y una serie de bancos en su torno. Dicha fuente fue sustituida ese mismo año por un gran reloj de tres esferas y de origen inglés como toda la infraestructura del Mercado, que recientemente fue reparado y vuelve a funcionar como el primer día. Está ubicado frente a la bahía del Puerto de Montevideo, donde funcionó primero como depósito de mercaderías procedentes de ultramar, luego como mercado de productos del país, y finalmente, a partir de 1960, como un centro de pequeños restaurantes y parrilladas que compiten en la captación de un público ávido por degustar sus delicias culinarias. El tendido de mesas bajo toldos y sombrillas, a una peatonal que bordea el mercado, donde artistas y artesanos exhiben sus obras, y músicos ambulantes vuelcan sus canciones, forma parte de los atractivos del lugar, donde también se pueden encontrar sitios reservados en los cuales mantener una charla de negocios o iniciar un romance.

Vinos uruguayos

Los vinos uruguayos hoy compiten de igual a igual con sus similares de Argentina y Chile, considerados entre los mejores del mundo. Bodegas y enólogos locales han merecido, en los últimos años, el reconocimiento mundial por su permanente búsqueda de niveles de excelencia en los distintos procesos de elaboración de sus productos. El clima y los terrenos fértiles para el desarrollo de los viñedos, han facilitado esta evolución, así como la instrumentación de una política nacional de progresiva eliminación del azúcar, con la que en el pasado se aceleraban los procesos de fermentación y se aumentaba la graduación alcohólica. Los vinos uruguayos más premiados internacionalmente han sido los elaborados con la cepa Tannat –emblema del país– pero los hay también de muy buena calidad en otras variedades de tintos, rosados y blancos, tales como Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Pinot Noir, Riesling, Chardonnay y Sauvignon Blanc. Existen a lo largo y ancho del territorio uruguayo 280 bodegas que producen vinos de calidad tanto para el consumo local como para exportar al exterior, algunas de las cuales tienen más de 135 años de antigüedad.
Uruguay debe la calidad y excelencia de sus vinos finos a la bondad de sus suelos y a la privilegiada ubicación geográfica en que se encuentra –entre los paralelos 30 y 35 del hemisferio Sur– la misma que ostentan las mejores áreas cultivables del mundo. La cepa francesa Tannat, que encontró en el suelo uruguayo una ideal adaptación y hoy constituye un símbolo nacional, fue introducida al país a fines del siglo XIX por Pascual Harriague. Uruguay tiene una cultura vitivinícola que arranca en la época colonial, cuando los parrales proporcionaban sombra acogedora en los patios abiertos de las casas durante los veranos y la elaboración de vino casero era un aporte más a la mesa familiar. Algo más reciente, aunque también añejo, es el desarrollo de sus vides y bodegas. El país cuenta hoy con casi 9.000 hectáreas de viñedos de óptima calidad enológica, que le permiten producir una media anual de 95 millones de litros de vino. Un diez por ciento de esa producción se exporta.
Este es un país donde todo el proceso de plantación y cuidado de los viñedos, así como de elaboración del vino, corre por cuenta de establecimientos formados por pequeños y media-nos productores, en su inmensa mayoría, familias que han permanecido por varias generaciones dedicadas a esa actividad. Hoy existe una manera de conocer esa realidad, ya que Uruguay se ha incorporado en la selecta nómina de países que a través de la promoción del turismo enológico abre a los visitantes la posibilidad de visitar sus bodegas y catar las bondades de sus vinos. Así como Argentina, Australia, Francia, España y Estados Unidos llevan bastante tiempo en este camino de recorrer y cotizar las rutas del vino de sus tierras, también Uruguay, en su esfuerzo por imponer uno de sus productos más reconocidos y premiados a nivel mundial, decidió incursionar por el enoturismo. Entre las ofertas más interesantes de enoturismo, la agencia “Cisplatina ” ofrece la posibilidad de realizar los “Senderos del Tannat”, un tour hacia las seis bodegas más destacadas, para conocer y degustar sus vinos. Salen los martes, jueves y sábados e incluye el traslado y degustación de vinos finos en las bodegas, acompañados de tablas de quesos y fiambres.