La Calle de los Suspiros

En el barrio histórico, además de museos, reliquias y restos de la antigua ciudad amurallada, los visitantes podrán caminar por ‘La calle de los suspiros’, una pintoresca callejuela angosta, de suelo empedrado y cercada por coloridas y antiquísimas construcciones de barro y piedra, que los artistas plásticos con sus miles de versiones, han convertido en la más célebre de las calles uruguayas. Su nombre, tan romántico, tiene empero un origen bastardo. Se comenta que allí, en una de sus casas, funcionaba un prostíbulo, y los famosos suspiros provenían de las piezas en las que las meretrices atendían a sus clientes.

Montevideo Colonial

Hoy en día, sólo con la ayuda de viejas fotografías es posible reconstruir las edificaciones del período colonial que se tendían sobre calles en forma de damero, en una península recostada al puerto y vigilada desde lo alto de la fortaleza del cerro. Quedan como piezas de museo, extrañando sus vecinas, algunas casonas, en las que vivieron personajes ilustres o tuvieron destinos importantes para el uso público de la sociedad.

San Miguel y Santa Teresa

A 110 kilómetros del balneario La Paloma, próximo a la frontera seca con Brasil, se encuentra otro de los sitios más visitados del Uruguay tanto por el turismo vernáculo como por el internacional. Nos referimos al Parque Nacional de Santa Teresa, otra de las reservas forestales más importantes del país, que suma a sus encantos naturales de bosques que bajan hasta playas agrestes, en los que hay espacios reservados para acampar, la posibilidad de visitar en sus cercanías, en muy buen estado de conservación, dos de los fuertes que españoles y portugueses se disputaron durante el siglo XVIII. Se trata de la fortaleza de Santa Teresa, que está en un alto del terreno y se puede apreciar a la distancia desde la ruta 9, a la altura de los kilómetros 303 y 306, y el fuerte de San Miguel, ubicado a 6 kilómetros de la población del Chuy, donde está el
paso fronterizo con el Brasil. Ambos lugares históricos están cercados por parques naturales y lagunas, donde abundan las aves y las plantas exóticas, se pueden visitar como museos.

MUSEO DEL FUERTE DE SAN MIGUEL En él se exhibe una diligencia de 1816, una carreta de 1880 e infinidad de utensilios indígenas. Los salones finamente decorados, exponen modelos de tamaño natural con uniformes militares de la época.

Montevideo, la muy fiel y reconquistadora

Fundada por el militar español Bruno Mauricio de Zabala entre 1724 y 1730, la ciudad de Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay, le debe su nombre -según los historiadores- al cerro que se encuentra en el extremo Oeste de la bahía del puerto que dio origen hace casi 300 años a la ciudad en la que se afinca hoy la capital uruguaya. Siendo gobernador de Buenos Aires, en el año 1724, Zabala desalojó de estas tierras por la fuerza a una partida de portugueses que se habían asentado indebidamente en ella, pero dos siglos antes, el 2 de febrero de 1520, el día de Nuestra Señora de la Candelaria, en el derrotero del primer viaje del navegante portugués Hernando de Magallanes alrededor del mundo, el contramaestre de la nave ‘Trinidad’, Francisco Albo, al internarse en aguas del Río de la Plata y divisar el referido cerro, consignó en el Diario de Navegación la presencia de dicho promontorio al que dió el enigmático nombre de ‘Monte Vidi’. Aquella fue la denominación dada a ‘una montaña hecha como un sombrero’ por el expedicionario portugués y de la misma se han hecho diversas interpretaciones. Otra hipótesis sostiene que la palabra ‘Montevideo’ estaría formada por el código ‘Monte VI D.E.O.’ equivalente a Monte Sexto en Dirección Este-Oeste. Quienes defienden esta hipótesis argumentan que en antiguas cartas náuticas se identificaba a nuestro Cerro con el número romano VI porque era el sexto monte que se encontraba viajando de Este a Oeste. No se han hallado pruebas contundentes que permitan corroborar esta versión. Sin embargo, nadie pone en duda que una de estas dos hipótesis explica el nombre Montevideo. El 12 de agosto de 1806, una expedición militar salida del fuerte de Montevideo, al mando del capitán de navío Santiago Liniers y Bermont, reconquistó para la corona española la ciudad de Buenos Aires, que había caído en manos de los invasores ingleses. En mérito a ello, el Rey de España concedió, en 1807, a esta población el título de la “Muy Fiel y Reconquistadora Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo”, facultándola a añadir en su escudo de armas las banderas inglesas abatidas al pie del cerro, y en torno a éste una corona de olivo atravesada por las reales armas, palma y espada.