Museo Torres García

En la peatonal Sarandí, a pocos metros de la Puerta de la Ciudadela, en un remozado edificio de comienzos del siglo pasado que con anterioridad albergó las oficinas del Registro Civil y el Instituto Nacional del Libro, se encuentra el museo Joaquín Torres García (1874-1949), el más universalmente conocido de los pintores nacidos en esta tierra. Con 17 años de edad, Torres viajó a Barcelona, donde recibió una formación clásica. Colaboró con el gran arquitecto catalán Antoni Gaudí en los vitrales de la catedral de Mallorca. Convertido en la principal figura plástica del movimiento Noucentista catalán que propugnaba el retorno al clasicismo, recibió el encargo para decorar el salón Sant Jordi del Palau de la Generalitat, trabajo que quedó inconcluso al rescindírsele el contrato cuando sólo le restaba pintar uno de los cinco murales que conformaban el proyecto (1912-1917). A partir de entonces, Torres renegó abiertamente del clasicismo noucentista, hecho que quedó definitivamente plasmado con la publicación de su libro Descubrimiento de sí mismo en el que apostaba por “manifestar la vida” a través del arte y dar la espalda al pasado. A partir de ese momento, junto a su compatriota Rafael Barradas, que venía de Italia influido por el Futurismo, realizan un arte que ambos denominaron “Vibracionismo”, una síntesis que pretendía superar el Futurismo y el Cubismo.En 1920 se radica en Nueva York para retornar posteriormente a Europa e instalarse sucesivamente en Fiesole (1922), Livorno (1924), Villefranche-sur-mer (1925) y finalmente en Paris (1926) donde funda junto a Piet Mondrian la revista Cercle et Carré (1929) y crea ese mismo año el constructivismo, movimiento artístico que le daría fama universal. En 1934 regresa al Uruguay y funda la Asociación de Arte Constructivo, basada en los principios constructivos que ya venía defendiendo en Europa, en los cuales la forma y su simbolismo adquieren un papel central. Su producción plástica la alterna con la publicación de libros y el dictado de conferencias, y en 1944 inicia sus actividades el Taller Torres García, que a la muerte del maestro (1949), son continuadas por sus discípulos hasta su cierre definitivo en 1962. La obra más ambiciosa llevada adelante por el maestro y sus discípulos fueron los grandes murales del Hospital Saint Bois, que se quemaron en el incendio del Museo de Arte Contemporáneo de Río de Janeiro en 1978, en los que muchos consideraron la segunda muerte del artista. Recientemente han aparecido los restos calcinados de estas obras monumentales que, una vez limpiados, serán exhibidos en el Museo Torres García. El museo consta de cinco plantas. En la planta baja, además de la tienda y la librería, hay una gran reja constructiva, réplica de una obra de Torres y una fuente también constructiva. La primera planta está enteramente dedicada a una exposición retrospectiva del maestro con fondos propios y ajenos. En esta sala se pueden admirar algunas de las obras maestras que le dieron fama universal, como Barco constructivo América(1943), una de las creaciones cumbres del constructivismo; Fresco constructivo del gran pan(1929) y Constructivo con varillas superpuestas (1930), dos de las obras más importantes de su etapa parisina y que marcaron el comienzo del constructivismo. La segunda planta alberga Los hombres célebres, una excepcional colección de retratos medidos por la regla de oro según los criterios del constructivismo, entre los que destacan Velásquez, Rabelais, Beethoven, Mozart y Dostoievski, entre otros muchos. El tercer piso está destinado a exposiciones temporales de artistas uruguayos o extranjeros. Por último, la cuarta planta está dedicada a la docencia. Allí, dirigidos por destacados artistas nacionales, se imparten cursos de pintura, cerámica, vitrales, etc.