Montevideo, la muy fiel y reconquistadora

Fundada por el militar español Bruno Mauricio de Zabala entre 1724 y 1730, la ciudad de Montevideo, capital de la República Oriental del Uruguay, le debe su nombre -según los historiadores- al cerro que se encuentra en el extremo Oeste de la bahía del puerto que dio origen hace casi 300 años a la ciudad en la que se afinca hoy la capital uruguaya. Siendo gobernador de Buenos Aires, en el año 1724, Zabala desalojó de estas tierras por la fuerza a una partida de portugueses que se habían asentado indebidamente en ella, pero dos siglos antes, el 2 de febrero de 1520, el día de Nuestra Señora de la Candelaria, en el derrotero del primer viaje del navegante portugués Hernando de Magallanes alrededor del mundo, el contramaestre de la nave ‘Trinidad’, Francisco Albo, al internarse en aguas del Río de la Plata y divisar el referido cerro, consignó en el Diario de Navegación la presencia de dicho promontorio al que dió el enigmático nombre de ‘Monte Vidi’. Aquella fue la denominación dada a ‘una montaña hecha como un sombrero’ por el expedicionario portugués y de la misma se han hecho diversas interpretaciones. Otra hipótesis sostiene que la palabra ‘Montevideo’ estaría formada por el código ‘Monte VI D.E.O.’ equivalente a Monte Sexto en Dirección Este-Oeste. Quienes defienden esta hipótesis argumentan que en antiguas cartas náuticas se identificaba a nuestro Cerro con el número romano VI porque era el sexto monte que se encontraba viajando de Este a Oeste. No se han hallado pruebas contundentes que permitan corroborar esta versión. Sin embargo, nadie pone en duda que una de estas dos hipótesis explica el nombre Montevideo. El 12 de agosto de 1806, una expedición militar salida del fuerte de Montevideo, al mando del capitán de navío Santiago Liniers y Bermont, reconquistó para la corona española la ciudad de Buenos Aires, que había caído en manos de los invasores ingleses. En mérito a ello, el Rey de España concedió, en 1807, a esta población el título de la “Muy Fiel y Reconquistadora Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo”, facultándola a añadir en su escudo de armas las banderas inglesas abatidas al pie del cerro, y en torno a éste una corona de olivo atravesada por las reales armas, palma y espada.