El Prado

En los tiempos en que los galenos consideraban la exposición a los rayos del sol y los baños de mar poco saludables –y eso que por aquellos años nadie hablaba por el Sur del agujero en la capa de ozono– llegó a estas latitudes un financista de Alsacia llamado José de Buschental (1802-1870), cuya propiedad y las mejoras que introdujo en ella, dieron lugar a mediados del siglo XIX al origen del barrio montevideano conocido como El Prado, en el que se afincaron numerosas familias de la clase adinerada. En una superficie de más de 100 hectáreas, al Noreste del centro de la capital, Buschental, que era un hombre de mundo y había frecuentado las cortes de Londres, Madrid, Lisboa y Río de Janeiro, estableció su quinta del Buen Retiro, en la que plantó árboles de distintas especies, canalizó y tendió puentes sobre el arroyo Miguelete, trajo animales exóticos, instaló el primer molino a vapor para moler el trigo, levantó un hotel, fue un pionero en el tendido de las redes ferroviarias y murió en Londres, a los 68 años, luego de haber fracasado en su intento de unir por ferrocarril Montevideo con Santiago de Chile a través de la cordillera de los Andes. El actual paseo del Prado, con sus parques, su rosaleda, el jardín botánico, el predio de la Asociación Rural del Uruguay –donde se realizan anualmente los concursos y exposiciones ganaderas, así como las domas de potros baguales (jineteadas) durante la llamada “Semana Criolla”, que coincide con la celebración cristiana de Semana Santa– constituye una estación obligada en cualquier recorrida para quien quiera aproximarse a aquel Montevideo esplendoroso del siglo XIX y a las más ricas tradiciones uruguayas. En este parque, el más antiguo montevideano, se pueden apreciar además, dos de los monumentos más importantes de la escultórica nativa, La Diligencia, de José Belloni y Los últimos charrúas, del que fueron autores Prati, Muñoz y Lussich. También, en sus inmediaciones se encuentran la residencia presidencial (Suárez y Reyes), el castillo de Soneira y el Museo Juan Manuel Blanes.

Arboreto Lussich un bosque único en el mundo

En el año 1896, un empresario naviero llamado Antonio Lussich (1848-1928) compró un montículo rocoso que en forma de ballena se introducía en el mar y los terrenos áridos que lo circundaban, pagando por la hectárea el valor de una cajilla de cigarrillos. En ese páramo que desolado miraba al mar, plantó al comienzo pinos, tamarices, eucaliptos y acacias, para establecer un cerco contra el viento marítimo. Al abrigo del mismo, luego fue plantando otras especies más exóticas como araucarias, robles, cipreses, abedules, álamos, abetos, arces, magnolias, alcornoques, el árbol del alcanfor, así como otros autóctonos, tales como ceibos, sauces, coronillas, lapachos y ñandubay.La siembra de este hombre, que además trascendió como poeta y escritor, en especial por su libro Los tres gauchos orientales, considerado como antecedente del Martín Fierro de José Hernández, puede ser visitada en Punta Ballena, donde se le conoce como Arboreto Lussich.

 

Parque de las Esculturas

El Parque de las Esculturas del Edificio Libertad, actual sede del Gobierno, se encuentra en un predio que antiguamente ocupaba la Quinta de los Caviglia, de la que aún sobrevive un importante grupo de ombúes junto a un pequeño parque de flora indígena. Durante el mandato del presidente Julio María Sanguinetti se decidió enriquecer el parque con importantes esculturas de grandes artistas uruguayos. Es así que conviven en armonía con la naturaleza obras de Manuel Pailós, Gonzalo Fonseca, Pablo Atchugarry, Francisco Matto, Octavio Podestá, Ricardo Pascale y otros escultores de fama internacional.

Parque Anchorena

Con una superficie de 1.370 has, el Parque Anchorena es una de las áreas protegidas más atractivas del país por la riqueza de su flora y de su fauna. Legada al Estado uruguayo por el millonario argentino Aarón Anchorena es utilizada como residencia de descanso de los presidentes uruguayos y alojamiento de jefes de estado extranjeros. El parque conserva asimismo las construcciones levantadas por Anchorena a principios del siglo pasado de las que se destaca la monumental Torre de Gaboto, de 75 metros de altura, desde la cual en días claros es posible divisar la desembocadura del río San Juan y los altos edificios de Buernos Aires. También es interesante el viejo casco de estancia construido en piedra y madera que hoy en día es casa presidencial.

Parque Batlle

Detrás del Obelisco se inicia uno de los parques más grandes y hermosos situado en las proximidades del centro de la ciudad. En su orígen constaba de 11 hectáreas, que fueron legadas a la municipalidad de Montevideo por su propietario Antonio Pereira en 1906, con el propósito de que allí se construyera un parque, inicialmente denominado Parque Central. Posteriormente, en 1919, tras la Primera Guerra Mundial, se pasó a llamar Parque de los Aliados y se le anexaron otras 60 hectá-reas, fruto de diversas expropiaciones de terrenos colindantes. Es en 1929 que adquiere su actual denominación en honor a José Batlle y Ordóñez, padre del Uruguay moderno, que había fallecido ese año. Hoy en día el Parque Batlle es también un hermoso barrio residencial que rodea al parque, en cuyo interior se encuentra el famoso Estadio Centenario y el monumento La Carreta, uno de los conjuntos escultóricos más destacados de la ciudad, obra de José Belloni.