El Palacio Legislativo

El Palacio Legislativo, ubicado a pocas cuadras del centro de Montevideo, es motivo de orgullo nacional. Allí, desde el 25 de agosto de 1925 –fecha en la que fue inaugurado, en el marco de los festejos del centenario del día en que se declaró la independencia nacional sesionan las cámaras de senadores y diputados, en las que está dividido el parlamento uruguayo, sobre el cual reposa la soberanía popular. La construcción del también llamado palacio de las leyes, un edificio neoclásico griego, cuyas fachadas, paredes interiores, bóvedas y columnas están recubiertas de mármol procedente del país, insumió casi tres décadas. Consta de tres grandes naves y varias salas anexas, un piso superior, donde funcionan la biblioteca y algunos despachos, y un enorme subsuelo en el que hay oficinas, depósitos y talleres de imprenta y encuadernación. En la nave central está el Salón de los pasos perdidos, con dos bóvedas de cañón corrido y majestuoso lucernario, que separa los dos hemiciclos en los que sesionan las cámaras de senadores y diputados. Las paredes de ambas salas están totalmente forradas de nogal y caoba, y de esas maderas tan nobles, también son las bancas que ocupan los parlamentarios. A los fondos del Palacio Legislativo, en una prolongación del espacio abierto en el que está instalada la sede parlamentaria, se encuentra la plaza con el monumento que recuerda a los mártires de Chicago, donde la central de trabajadores acostumbra celebrar las concentraciones del día 1 de Mayo.

En un país donde a la cárcel en que están recluidos los delincuentes considerados más peligrosos se le llama Libertad, porque fue levantada en las cercanías de una localidad que lleva ese nombre, no puede sorprender mayormente que se denomine la casa del pueblo al palacio más lujoso que se ha construido en este territorio en todas sus épocas.

Los días en que no hay actividad política se pueden concertar visitas guiadas.